lunes, 26 de abril de 2010

Séptima etapa: Hospital de Órbigo – Ponferrada ( kmts.)

He pasado una noche de perros. Con lo pequeños que son lo japoneses y lo que roncan. La hostia!.
La cama donde he dormido estaba tan pegada a la otra que casi parecía una cama de matrimonio con colchones individuales. El de la litera de arriba se mueve más que la compresa de una coja y con los crujidos de la litera creo que se me va a caer encima en cualquier momento.
A las 5:15 de la mañana comienzan a movilizarse los japoneses, y si no estoy atento casi se me llevan las alforjas. Estos tíos o se habían fumado algo o no saben lo que llevan porque uno de ellos dudaba si eran suyas o mías. Hay que joderse!!.
Los demás peregrinos comienzan a recoger velas para iniciar la etapa.
A esas horas (6:30 más o menos), no hay quien pegue ojo y yo soy una de esas personas que cuando se despiertan no pueden estar mucho rato en la cama. He dado más vueltas que un tiovivo hasta que he decidido levantarme y aprovechar el tirón de los otros “vecinos”.
Según la planificación que tenía para hoy, debía parar en Rabanal del Camino, pero como ayer adelanté bastante, y tengo la subida a la Cruz de Ferro, me lo voy a tomar con tranquilidad.
Desayuno como los Reyes en el mismo albergue. Menuda nos ha preparado el hospitalero (creo que se llama José Manuel).
Al salir coincido con “los papis ciclistas que conocí ayer”, pero me dicen que hoy van a ir hasta… Astorga!!??. (peazo etapa!)
La ruta nos da dos opciones a la salida de Hospital de Órbigo. Si continúas recto vas a ir paralelo a la carretera, y si giras a la derecha te adentras en el camino pasando por Villares de Órbigo, Santibáñez de Vadeiglesias, San Justo de la Vega, y desde ahí por senda paralela a la carretera hasta Astorga.
Decido coger la variante del camino, además de porque no tiene comparación un trayecto con el otro, porque quiero pasar por Santibáñez (el pueblo de unos buenos amigos que tenemos).
El camino es… un camino propiamente dicho. Vamos que el paso de los tractores, remolques y demás deja esos surcos tan simpáticos para nosotros, verdad?.
Más de una vez tengo que meterme en los campos particulares porque el camino tiene algunos tramos que están literalmente encharcados.
Saliendo de Santibáñez de Valdeiglesias tengo la primera experiencia perruna. Un can que no levantaba dos palmos del suelo me sigue con la mirada hasta que llego a su altura. Joder!, parece que le han metido una guindilla por el cerillo!. Se me puso el culo como el pitorro de un botijo, viéndolo ladrar tan cerquita de mi shimano mt41!. Creo que no subiré una pendiente tan rápido como ésta y con tantas piedras. Jopetas con el chuchito!!. Y no se cansaba el “joio!!.
Arriba me encuentro con los japos en una especie de altar bajo un olivo flanqueado por un espantapájaros bastante simpático.
Continúo la subida y el cambio se me va a freir morcillas. El plato pequeño no entra ni con vaselina; creo que me lo que cargado del todo. No pasa nada subo con el mediano que para eso tengo un amigo que vive en “Bilbao, joder!”.
Llego a un descanso antes de comenzar a bajar hasta San Justo de la Vega y me paro a hablar con un “hospitalero” que vendía barritas, bebidas energéticas, comida etc.
Me dice que es de aquí de allí, de todos los sitios. Es de Barcelona y jugó al fútbol en el Vilassar de Dalt. Hostias!!, pero si yo jugaba en un equipo de liga de empresas, en ese campo!. Y qué buenos estaban los superbocatas de tortillas que nos comíamos después de los partidos.. con sus cervecitas y demás!!.
Tiene un sello y sin fijarme, me lo emplasto en la credencial. Mecagoen!, ya me ha fastidiado la credencial!. Tampón rojo… sello: un corazón!!.
Continúo la etapa y la bajada hasta San Justo es bastante rapidita. Lástima que haya tanta piedra suelta.
Allí me encuentro con los “papás bicigrinos”, y les digo: “Ehhh!!, eso no vale, habéis hecho trampas. Cuando llegue se lo diré al apóstol!!!, jajajaja (Habían tirado por el recorrido paralelo a la carretera).
El tramo de la subida por el paso elevado y posteriormente al centro de Astorga es un suplicio porque voy sin cambio. Y me surge una duda: ¿por qué harán todos los pueblos en lo alto de las montañas!?.
Voy a la oficina de turismo enfrente del Palacio de Gaudí, a preguntar por una tienda de bicicletas para intentar cambiar o “apañar” el desviador del cambio. Me recomiendan que vaya a una tienda (por cierto: me quito el sombrero con el tendero. Todo un especialista), donde me dice que se hace cruces sólo de ver el desviador delantero y la sirga del cambio trasero. “Pero chico!, que tapasao?!. te admiro porque si llevas varios días con el problema has debido de tirar de riñones más de una vez!” . La sirga estaba hecha una S; el desviador delantero estaba completamente torcido, pero me comenta que debido a la urgencia, va a ajustarlo lo mejor posible para que llegue sin “dolores” a Santiago. Ahora va como la seda, comparándolo con la riñonada que me he pegado esta mañana.
Como voy bien de tiempo, hago una visita turística por Astorga, y hago la compra para comer, pero todavía es pronto.
La cota del camino va subiendo lentamente. Es una contínua subida hasta la Cruz de Ferro. El tramo hasta Rabanal del Camino lo paso relativamente fácil, pero… leches!, Rabanal está en una cuestecita que se las trae!!. Igual es que voy flojeando y tengo más hambre que el perro de un ciego.
A la salida del pueblo hay un lavadero con una fuente con agua potable y un par de bancos. Allí, a la sombrita del lavadero, me paro a comer.
Después de reponer fuerzas me preparo para afrontar la subida a la Cruz de Ferro. Total, sólo son las 14:45 y estoy a unos 10 kmts de la cima!.
El calor aprieta como nunca, no hay ni una sombra para pararse, el agua que había repuesto en Rabanal me hubiera servido para aliviar alguna que otra hemorroide, de lo caliente que se puso. El terreno está… camufladamente embarrado, vamos que a simple vista está como un tapiz, pero cuando lo pisas te hundes como un palmo.
Para colmo, no sé qué explicación tendrá pero al final de una pendiente bastante
pronunciada hay un columpio!. No sé si es para descansar o para sentarse a ver
a los pringaigrinos que van subiendo por ahí. Tiene guasa el que haya puesto el balancín ahí!.
Cruzo la carretera y continúo por el camino, que tenía más pizarra que el colegio de mi hija. Es casi imposible ciclar entre tanta piedra, barro, agua que cae de las
montañas.
Pero como todas las cosas que tienen su sacrificio, llega la recompensa. Y menuda recompensa!, sin darme cuenta a medida que me voy acercando y comienzo a ver a puntita de la CRUZ DE FERRO. Llegar hasta aquí me hace sentir como que he terminado una parte de mi camino. Lloro, lloro y lloro desconsoladamente. Estaba sólo, completamente sólo frente a ella. Por momentos alucinaba: Veía a los pies de la cruz, muchos de los motivos que me movieron a emprender este viaje. Todavía con hipo, llamo a Lydia para buscar ánimo, apoyo, cariño en ese momento tan agridulce. No me lo dice pero la noto igual de emocionada. Justo en la base de la cruz, deposito las piedras que he llevado con tanto cariño, no sin anter dar un beso a cada una de ellas.
Comienzan a llegar algunos bicigrinos. Un total de 9 conté. Unos se paran, y otros ni miran esta maravilla a la par que sencilla cruz.
No me quiero despedir de este sitio sin hablar con una compigrina; María (giraldilla para los foreros de bicigrino.com). Es la tía de Martica, EL ÁNGEL de todos los bicigrinos en el Camino.
Pero no consigo hablar con ella. Mala pata!, con lo que me hubiera gustado
hablar con ella desde aquí!.
La bajada es espectacular. Tanto casi ni me doy cuenta de que paso por Manjarín. IIIHHHHHHH!!!!, (frenazo!!). Meeedia vueltaaa!!. Hablo con el hospitalero, porque Tomás, el último Templario no está. Charlo bastante rato con él y al preguntarle por el perrico que un descerebrado quería matar, se queda superextrañado. “Y cómo sabes eso?” Le comento que el otro Tomás (nuestro jefe bicigrino), nos lo había comentado en el foro bicigrino. Me dice que le acompañe para ver al “perrito”. La puta de oros!!, pedazo de perro!!, pero si no cabe en la casa que tiene!!. Y sólo tiene 9 meses!.
Me enseña su casa por dentro, donde me vuelvo a emocionar al ver una figura con la imagen de la Virgen del Pilar.
Vamos a la cuadra que tiene justo al lado y vemos a la camada de perritos que hace 20 días han nacido. Ya tiene varios “colocados” y pronto vendrán a recogerlos.
Me despido de él y me dice que tenga cuidadín con la bajada que es muy rápida pero también es muy peligrosa, pero antes tengo que subir una nueva pendiente bastante durilla.
Menuda bajada!. Llego a El Acebo en menos que canta un gallo!, y porque pasas por en medio del pueblo sino.. igual ni lo veo!!.
Bajada supervertiginosa hasta Molinaseca. Qué huevos tienen los ciclistas que veo en la tele bajando algunos puertos a 80-90 kilómetros con esas curvas tipo herradura!!.
Bueno… sólo me quedan 9 kilómetros para Ponferrada, así que voy a tirar hasta allí.
En Ponferrada sólo hay un albergue. Es muy grande, pero está muy bien
acondicionado.
Allí me encuentro con una persona… un bicigrino con el que haré bastante amistad y que mañana, me resultará bastante digamos... “familiar” con sus relatos del camino. (Y a vosotros también, jjijiji).
Me dice:
- Ayer a mediodía te vi en León, puede ser?.
- Sí, es posible. A esas horas andaba por la Catedral.
Descargo la bicicleta y me instalo en mi “alcoba”.
En la habitación me encuentro con un chico que hace el camino desde Astorga, pero que según él, esto del camino de Santiago no era lo que él pensaba. Hay que andar mucho, dice!, jajajaja. A la gente se le va la pinza de una manera….
Fin de la etapa.

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